PRIMER MES EN SÍDNEY: CONSTRUYENDO MI NUEVA VIDA

Hoy 18 de Diciembre hace exactamente un mes que llegué a Australia y he de decir que es verdad eso de que aquí el tiempo vuela, no sé si es porque dejas de vivir por meses y pasas a vivir por semanas (pagas el alquiler semanalmente, cobras semanalmente y gastas con respecto al dinero que tienes esa semana) pero el caso es que los días pasan muy rápido! Más de lo que a mí me gustaría.

Para resumir la situación a día de hoy diré que:

  • Tengo piso
  • Tengo trabajo
  • He empezado mis clases de inglés

Si lo miro ahora no está nada mal, pero si echo la vista atrás he de decir que no ha sido nada fácil y mis primeros días aquí no fueron ni mucho menos los mejores ni los más divertidos.

Aquí cada persona llega con unos objetivos en mente, los míos estaban muy claros, al menos para las primeras semanas:

  • Lo primero de todo era encontrar un piso donde poder sentirme a gusto. Sonará cursi, pero buscaba algo al que con el tiempo pudiese llamar hogar.
  • Una vez conseguido el primer objetivo, el segundo era encontrar un trabajo con el que poder sobrevivir en esta ciudad que de barata tiene poco.

Con estas dos ideas en mi mente me levanté el segundo día en Sídney, eso sí, después de haber experimentado los efectos del jet lag despertándome a las 4 de la mañana pensando que ya podían ser perfectamente las 9. Desayuné en el hostal, y me fui en busca de una cafetería con Wifi donde me pasé unas 3h buscando pisos a través de las distintas páginas webs y mandando mensajes para poder ir a visitarlos. La búsqueda empezó a dar sus frutos de inmediato porque esa misma tarde ya pude ir a ver dos pisos. Había dos cosas que ya tenía claras: lo primero de todo era que encontrar habitación no iba a ser fácil. Me habían avisado que la mayoría de veces era más fácil encontrar trabajo que piso, y segundo, que iba a tener que compartir cuarto porque sino los precios se disparaban (aún más). Aún así, no os podríais hacer una idea de la cara que se me quedó cuando entré al segundo piso que visitaba ese día y me dijeron que allí vivían 16 personas. Cuatro cuartos con cuatro personas cada uno, 8 chicos y 8 chicas en total. Cuando abrieron la puerta de la habitación en la que se supone que había una cama libre y vi aquello… os prometo que el hostel en el que me estaba hospedando era mejor que esa casa. Básicamente mis siguientes 2 o 3 días fueron igual que ese. Sentarme frente al ordenador por la mañana e ir a visitar casas por la tarde. Me sentía mal porque quería hacer cosas, la gente del hostel me decía de ir a la playa o salir por ahí pero no era capaz de irme y perder un día. Necesitaba encontrar casa lo antes posible para poder irme del hostal y no tener que alargar más mi estancia allí. A ese sentimiento de responsabilidad/frustración había que añadirle uno nuevo: desesperación. Llevaba 4 días viendo casas, había visto por lo menos 8 o 9 y todas eran un horror. O bien apartamentos con gente hacinada en ellos, o bien sucios y asquerosos, o caros e inaccesibles. Imaginaos mi desesperación cuando llegué a plantearme seriamente alquilar una “habitación”, y lo pongo entre comillas porque era un apartado que le habían hecho al comedor, con un armario, una mesa y una cortina que todo unido hacía de pared, solo porque la casa estaba limpia y cuidada. Tras mucho pensármelo decidí no cogerla y seguir mirando, tenía que aparecer algo mejor. Durante esos días me sentí sola e incluso triste. Me llegué a preguntar qué era lo que estaba haciendo yo aquí, y que esas preguntas llegaran a mi mente no me hacían sentirme mucho mejor ya que era yo la que había decidido venir. No tenía nada ni a nadie. Ni siquiera quería hablar con mi gente de España porque todos esperaban que yo estuviese bien, me preguntaban que tal me iba, si me gustaba la ciudad, que qué envidia les daba, que qué guay que ya podía disfrutar de Australia y mientras yo, me sentía perdida y sola en medio de Sídney, una ciudad que ni siquiera sabía aún si me gustaba o no. El 22 de Noviembre fue ese día en el que exploté. Miré pisos por la mañana, y mandé un par de currículums por internet. Por la tarde salí a darme una vuelta antes de ir a visitar otra casa. Eché a andar y al cabo de una media hora pasé por delante de un bar y empecé a oír que alguien me llamaba. Era Alex, el colaborador que me había ayudado a crearme la cuenta bancaria y a hacerme con una tarjeta de móvil australiana el día que llegué a Sídney. Me acabé sentando en la mesa con él y sus amigos y me invitaron a unas cervezas. ¡Siiiiii, lo necesitaba! Lo malo fue cuando vino la pregunta de: ¿bueno y qué tal estás? Pregunta clave en el momento clave: no me pude aguantar más y empecé a llorar. No por nada grave, sino porque básicamente no sabía como estaba. ¿Pero sabéis qué? Los abrazos en esta vida lo solucionan todo (eso junto a unas cervezas y unas cuantas risas que me acabaron sacando y la tarde empezó a arreglarse). Dicen que cuando tocas fondo ya solo puedes ir hacia arriba, y que gran verdad  porque al día siguiente todo empezó a cambiar. Por décima vez en lo que iba de semana tenía que ir a ver una casa, así que me levanté temprano. Para mi sorpresa, cuando estaba desayunando en el hostel recibí un mensaje de uno de los dos sitios donde el día anterior había mandado el currículum. El sitio era una cafetería y querían que fuera esa misma mañana a hacer la prueba!! Y yo aun tenía que ir a ver la casa!! Adelanté la cita para ver la casa y retrase un par de horas la de la cafetería. Cuando llegué al piso me enamoré. Estaba limpio y parecía un hogar!!! No me lo podía creer, definitivamente quería vivir allí.

   

Alquilaban una habitación doble para que pudiesen compartirla dos chicas. Una, claramente iba a ser yo, y la otra aun no la tenían. La casa además tenía otras dos habitaciones, todas ellas compartidas por dos chicas en cada una, una china y una indonesia, y una americana y otra española. Necesitaba compañera de cuarto así que se me ocurrió la idea de decírselo a Mel, una chica alemana que estaba durmiendo en la misma habitación de hostal que yo y con la que congenié desde el primer momento. Ella también acababa de llegar a la ciudad y estaba buscando piso, así que en lugar de irme directamente a la cafetería, volví corriendo al hostal para decirle que fuera a ver la casa, y que si le gustaba nos quedábamos las dos con la habitación para ahorrarnos las complicaciones de empezar a vivir con alguien a quien no conoces de nada (es gracioso porque a Mel la conocía de dos días antes y sin embargo para mí ya era alguien a quien podía considerar más o menos cercana). Me dijo que genial, que iría a verla, así que yo de mientras me fui a hacer la prueba a la cafetería. Cuando llegué me preguntaron lo típico sobre mi experiencia trabajando en hostelería (me vendí genial aunque en mi vida había trabajado detrás de una barra). Eso sí, cuando empezaron a explicarme todo, casi me da un ataque de pánico, porque: 1- mi memoria es horrible y 2- no tenía ni idea de nada!!! Anyway, yo seguí hacia delante y la chica me dijo que los fines de semana podían ser míos y que además necesitaba a alguien algunos días entre semana. Ahí se quedó la cosa así que supuse que se volvería a poner en contacto conmigo para confirmarme si me querían o no. Cuando llegué otra vez al hostel, Mel me dijo que sí, que había ido a ver la habitación y que le había gustado así que le dijimos al dueño que nos la quedábamos. Nos dijo que vale, pero que hasta que no le pagáramos la fianza él tenía que seguir enseñando el piso a más gente. Corriendo fuimos al banco y sacamos dinero para pagar el depósito y tachán! Ya teníamos casa!!!!! No todo iba a ser color de rosa ya que a nuestro nuevo hogar no podíamos entrar hasta diciembre y aun era noviembre, y a mí se me acababan los días que había reservado en el hostal. La solución que encontré fue buscarme un piso de corta duración, alguien que dejara una habitación porque se fuera de vacaciones y así poder entrar yo por unos días. Eso hice, se me acabó la semana en el hostal y estuve del 26 de noviembre al 5 de diciembre compartiendo piso con dos brasileñas, una inglesa y otra alemana. Mientras tanto, me llamaron de la cafetería y me dijeron de empezar a trabajar la misma semana en la que había hecho la prueba. Lo había conseguido! Tenía casa, y tenía trabajo. El 5 de diciembre empecé las clases en la academia de inglés y no pude salir más contenta. El profesor era genial y la gente también. Ese mismo día hice la mudanza definitiva y me trasladé por fin a mi pisito!! Pude deshacer al fin las maletas, empezar a decorar mi cuarto, tener mi espacio en la nevera, en fin, todas esas pequeñas cosas que aún no había podido hacer porque no estaba instalada en un sitio definitivo. A partir de ese día todo empezó a ser mucho más fácil. Tenía mi espacio, unas compañeras de piso geniales, unas clases a las que iba encantada y un trabajo que me daba dinero. Por supuesto no todos los días iban a ser fáciles y el cansancio de levantarte a las 7:00h, ir a clase, salir al medio día, comer e irte a trabajar y volver a casa a las  23:00-23:30h hacía (y hace) estragos en mi algunos días. Pero aún así mi energía positiva volvió y se ha mantenido conmigo hasta ahora. Cada vez me gusta más Sídney y todo lo que ello implica. Los días en los que me preguntaba qué estaba haciendo aquí se han ido y no han vuelto, e incluso durante estas semanas dónde lo único que he hecho ha sido trabajar e ir a clase, sin tener mucho tiempo para explorar la ciudad, me he sentido bien, contenta y feliz de estar aquí.

La conclusión que puedo sacar a día de hoy es que llegar sola a una nueva ciudad, instalarte y encontrar tu sitio no es nada fácil. Supongo que para cada persona es distinto, pero esa ha sido mi experiencia personal. Sin embargo, también me he dado cuenta de que esa es solo una fase de entre las miles que llegan y que llegarán. Y como todas, se supera. De repente las cosas cambian de un día para otro y no todo es gracias a la suerte, es porque tú también has hecho que cambien, no has tirado la toalla, has seguido moviéndote y echándole ganas y al final te has superado. Así que a día de hoy solo puedo decir que estoy contenta de las decisiones tomadas, de haber llegado hasta aquí y de sentirme tan a gusto conmigo misma.

Haciendo amigos
Yo en mi otra vida
Gente haciendo picnic en el parque alrededor del árbol de navidad
Bonitas vistas en compañía

 

 

 

 

 

 

 

 

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