VIAJE EN CARAVANA POR LA COSTA ESTE DE AUSTRALIA

El 15 de Abril llegó y nos pusimos en marcha bien temprano para ir a recoger nuestra caravana.

 

Llegamos a las 10:30 y salimos de allí con nuestra casa de 4 ruedas a las 13:30… una larga espera. Cuando nos llegó el turno la cosa iba así: el chico me explicaba, yo procesaba, y mamá preguntaba “qué es lo que ha dicho?”. O también se podía dar en sentido contrario: mamá me preguntaba, yo procesaba y luego le intentaba traducir al chico en inglés. Finalmente cargamos los trastos, mamá se puso al volante, y nos dispusimos a dar una primera vuelta de reconocimiento, porque lo de conducir por la izquierda no es algo que lleváramos muy integrado.

Inspeccionando nuestra casita rodante

Íbamos un poco a trompicones pero parecía que avanzábamos así que pusimos rumbo a Palm Beach. No habíamos dejado los alrededores de Sídney aún cuando nos pilló el primer semáforo en una cuesta. Si yo ya iba tensa cuando estábamos conduciendo por la carretera, nadie sabe cómo me puse cuando nos quedamos atascadas en aquella cuesta. Para más tensión, teníamos otro coche pegado al culo, y por supuesto, cuando el semáforo se puso en verde e intentamos salir de allí, se nos caló la caravana. Nos pitaron, nos adelantaron… en fin. Parecía que ese trasto era incapaz de subir para arriba. Para mi asombro, mamá consiguió mantener la calma y al cabo de unos cuantos intentos conseguimos salir de allí. Si yo no me siento la persona más cómoda conduciendo, en ese momento supe que no iba a tocar el volante en todo el viaje. La cosa no se quedó ahí porque resulta que Sídney tiene bastantes pendientes, así que, el siguiente semáforo con cuesta se nos tuvo que poner en verde hasta 3 veces para conseguir salir de allí. Yo ya tenía la contractura en el cuello para todo el viaje, que tensión. Cuando ya estábamos llegando a Palm Beach y después de haber dejado pasar al menos 10 estaciones de servicio sin atrevernos a parar en ninguna, conseguimos decidirnos y hacer una pausa. Respiramos de tranquilidad cuando aparcamos. Compramos un adaptador para poder cargar el móvil en la caravana, fuimos a la farmacia a por algo para mi constipado, porque para más inri, había empezado el viaje con un trancazo del 15 y al final, a las 17:30 conseguimos sentarnos a tomar un café y comer algo.

Parada en el camino

Decidimos que no íbamos a llegar hasta Palm Beach a falta de los últimos kilómetros porque a las 6 y poco iba a ir el sol, y no queríamos tener que conducir de noche en nuestro primer día. Así que, después de investigar un poco pusimos rumbo a un camping que parecía que tenía buenas opiniones en internet. A eso de las 19:30 conseguimos encontrar el camping (ya de noche completamente). Aparcamos fuera la caravana y fuimos a preguntar si había algún hueco disponible para pasar una noche con la caravana y así tener electricidad para poder recargar la batería. Cuando me dijeron el precio se me quedó una cara de póquer… 140$ por una noche!!! Porque resulta que era semana santa y además vacaciones escolares, por lo que los precios estaban disparados. Mi madre me vio la cara y me preguntó “¿qué pasa?”, a lo que yo le dije la burrada de dinero que me pedían y que ni en broma iba a pagarlo, así que ya nos podíamos ir de allí. Mi madre me miraba con cara de “pero dónde vamos a dormir???”, a lo que mi respuesta fue “pues no lo sé pero aquí desde luego no”. Total que nos volvimos a subir a la caravana y fuimos dirección al pueblecito que había al lado del camping, Ettalong. Allí aparcamos en una calle cualquiera y nos bajamos a investigar el lugar. Había playa, así que decidimos ver si había algún  parking cercano donde poder aparcar y pasar la noche. Al final descubrimos una calle que daba a un pequeño embarcadero que había en la misma playa. Parecía tranquilo y justo al lado había unos baños públicos, lo que nos pareció un punto extra ya que nuestra caravana no tenía baño. Habíamos encontrado nuestro sitio, así que para celebrarlo nos fuimos a comprar un par de cervezas y luego volvimos a la caravana dispuestas a montar nuestra suit. Lo primero que había que hacer era quitar la mesa. Era el primer paso y ya nos quedamos atascadas. No había manera de desmontarla. Entre que el chico de la empresa de caravanas me lo había explicado deprisa y corriendo y que allí no habían cuatro orejas que escucharan sino solo dos, las mías, pues oye, igual me había perdido parte de la explicación, porque yo a él se lo vi hacer muy fácil. Finalmente, y tras vernos no solo sin camping, sino sin cama también, descubrimos donde estaba el truco de la manivela para aflojarla y sacar la mesa. A partir de ahí todo fue más fluido, montamos nuestra cama, nos hicimos un par de sándwiches y decidimos que ya habíamos tenido suficientes aventuras por ese día.

Dispuestas a pasar nuestra primera noche en la caravana

Tocaba dormir… o intentarlo, porque cada vez que oía un coche aparcando cerca o a alguien andando alrededor, me desvelaba y empezaba a mirar por la ventana. No paraba de pensar que alguien iba a llamar a nuestra puerta diciendo que no podíamos dormir allí, porque efectivamente, en Australia hay muchos sitios donde no puedes acampar o aparcar y pasar la noche. A las 6 de la mañana empezó a entrar el sol entre las cortinas y los pajaritos a ladrar, porque a eso no se le podía llamar piar. A las 8 al final decidimos levantarnos y bueno pues la vejiga apretaba, así que allí teníamos nuestros queridos baños públicos. Después de eso, nos buscamos una buena cafetería para desayunar, nos lo podíamos permitir después de habernos ahorrado 140$ durmiendo en la calle.

Nuestro pequeño embarcadero
Desayuno!

Condujimos hasta Port Stephens, llegamos sobre el medio día, comimos en las mesas de al lado de la playa y nos dirigimos a un camping que había allí al lado a preguntar si habían sitios disponibles y sobre todo a qué precios. Nada, todo lleno, seguía siendo pascua. Decidimos que luego miraríamos más campings, pero por el momento hicimos una ruta muy chula por una montaña hasta llegar a un mirador, y luego nos bajamos a la playa.

Por la tarde empecé a llamar a más campings, si no llamé a unos 8 no llamé a ninguno. Estaban todos llenos! Nos veíamos otra vez como la noche anterior. Decidimos que la zona en la que estábamos era un buen lugar ya que era al lado de la playa y de nuevo había baños públicos y bares alrededor donde poder ir a cenar. Desde esa playa vimos uno de los atardeceres más bonitos de todos.

Atardecer en Port Stephens

Cenamos unas pizzas y, antes de ir a dormir, fuimos a los baños públicos de la playa, que para nuestra sorpresa, los habían cerrado. Problema, pues en este país como te pillen haciendo pis en la calle te puede caer una buena multa. Al final nos dio igual, así que nos metimos hacia el bosque que había allí al lado. Todo en orden. No nos salió ninguna araña o serpiente por el camino y nadie nos vio. Cuando volvimos a nuestra caravana, nos quedamos más tranquilas al ver que no éramos las únicas que habían aparcado por allí  con vistas de pasar la noche, habían otras cuantas campervans más.

Era 17 de abril y nos despertamos por lo que parecía el ruido de la lluvia golpeando sobre la caravana. Sonaba como si estuviera cayendo un chaparrón muy fuerte durante unos segundos y luego de repente paraba, y al minuto empezaba otra vez. Yo la primera vez que oí el ruido pensé que alguien había sacado la manguera y nos quería echar de allí. Me asomé por la ventana pero no vi a nadie. Luego pensé, pues estará lloviendo, pero a mi madre se le ocurrió mirar por la ventana y vio que por su parte no estaba mojada, a lo que dijo “pues si que llueve raro aquí”. Al cabo de un rato dejamos de oír el ruido del agua y pudimos volvernos a dormir. A las 8:00 cuando nos levantamos y salimos fuera de la caravana nos dimos cuenta de que solo el césped estaba mojado, no las aceras, así que nos pusimos a mirar y descubrimos los aspersores… No era lluvia lo que habíamos oído, era que estaban regando el césped y mi ventana daba hacia los aspersores pero la suya no! El misterio había quedado resuelto. Después de comprar unos cafés nos pusimos en marcha dirección a Port Macquarie.

Despertares

Llegamos allí sobre el medio día y al fin conseguimos encontrar un camping!!! (sí, era el tercer día de ruta y la ducha aún no la habíamos tocado). Sentimos como si hubiéramos llegado al paraíso.

Cocinitas
Siesta time!

Durante los dos días siguientes visitamos Bellingen, Coffs Harbour y el National Park de Dorrigo donde hicimos una ruta de senderismo muy muy chula.

Cuando acabamos nuestra visita en el parque, pusimos dirección a Yamba, a donde llegamos a las 18:30 y descubrimos que las oficinas del camping ya estaban cerradas. Llamé a otro camping en el que sí que había sitio y aún estaba abierto, pero decidimos que no merecía la pena porque a la mañana siguiente nos íbamos a ir. El pueblecito a las 20:00 de la tarde parecía que estuviera desierto. Acabamos aparcando la caravana en una zona residencial al lado de una playa donde la iluminación era bastante escasa, aunque llegadas a ese punto ya nos habíamos dado cuenta que lo de poner farolas no es el punto fuerte de este país. Había leído en los comentarios de uno de los campings que a varias personas les habían robado, así que esa sí que fue la noche que peor pasé. A la mañana siguiente arrasamos el pueblo porque descubrimos que estaba lleno de tiendecitas muy chulas, y para terminar nuestra visita, nos fuimos un rato a la playa.

El 21 y 22 de abril los pasamos en Byron Bay. Increíble, esa es la palabra con la que lo puedo describir. Ese lugar transmitía sensación de libertad por cada rincón. Estaba lleno de gente joven, hippy y despreocupada, la mitad de ellos iban descalzos por la calle, nadie se preocupaba de si iba bien peinado o bien vestido, cualquier camiseta bastaba para salir a la calle. Allí  aún era verano, la gente iba en bikini y bañador, siempre la tabla de surf y al atardecer, todo el mundo se acercaba a las rocas de la playa con unas cervezas y un poco de música. Me enamoré de ese lugar. Hicimos lo que era la visita obligada al faro, que la verdad valió mucho la pena, y  visitamos Mullumbimby, muy muy recomendable el Farmers Market de los viernes por la mañana. Aquel pueblo era aún más hippy que Byron Bay.

Byron Bay

 

Nuestros momentos

 

Mullumbimby Farmers Market

 

Farmers Market
En el punto más al este de Australia

 

El faro

El día 23 lo pasamos en Gold Coast. Teníamos pensado pasar un día de relax, así que nos levantamos relativamente tarde, desayunamos y nos fuimos a la playa. Mamá se quería meter al agua así que se fue a la zona en la que estaba permitido bañarse, que era entre las banderas, ya que es ahí donde están los socorristas. Yo no quise ir a bañarme porque para mí el agua del Pacífico esta helada, y ya no hacía tanto calor como en verano como para no poder soportar estar en la arena bajo el sol. No sé muy bien por qué, pero al cabo de un rato me dio por levantarme e ir a ver donde estaba mi madre. Me acerqué a la orilla, a la zona entre las banderas donde todo el mundo se estaba bañando, pero no la veía. Me quedé por allí un rato y al final, un poco más al fondo de donde estaban todos los bañistas, vi una cabeza que me pareció ser la de ella. Me pregunté qué narices estaba haciendo tan adentro con las olas que había, pero como no la vi haciendo ningún gesto extraño supuse que estaba nadando. Me quedé allí un rato más para ver si se decidía a salir, cuando vi a un socorrista meterse al agua hasta más o menos la cintura y empezar a hacerle señales a la cabeza esa que se veía al fondo. Le estaba levantando los pulgares para ver si todo iba bien, pero aquella no respondía. Yo ya me estaba empezando a poner nerviosa. De repente el socorrista se quitó la camiseta y empezó a nadar. En ese momento me giré y otros dos socorristas más estaban corriendo hacia el agua, uno de ellos con una tabla de surf de salvamento. A mí me entró el pánico y entré corriendo al agua yo también. Fue entonces cuando vi perfectamente la cara de mi madre. Los tres socorristas estaban con ella y la empezaron a sacar hacia la orilla. Ella estaba bien, no se estaba ahogando ni nada,  pero las olas se la habían llevado hacia dentro y ella intentaba nadar hacia fuera pero la corriente era muy fuerte y no conseguía salir. Menos mal que ella había conseguido mantener la calma porque yo estaba como loca gritando “¿¿pero qué ha pasado??, ¿¿qué hacías allí al fondo??” Al final llegamos a la orilla, los socorristas vieron que estaba bien y nosotras nos fuimos hacía nuestras toallas, no sin antes haberles dado las gracias como cinco veces. Yo aún con el susto en el cuerpo no paré de abrazar a mi madre durante los siguientes 15 minutos. A mi madre le daba la risa y todo, menos mal que no le dio por llorar, y yo me sentía como una completa turista que acababa de cometer una imprudencia. Al final se nos pasó el susto y ya solo nos pudimos reír de la situación.

Gold Coast

De Gold Coast llegamos a Brisbane, donde pasamos únicamente una mañana, pues no teníamos ganas de estar rodeadas de una gran ciudad otra vez, queríamos naturaleza, así que pusimos rumbo a Noosa, y fue la mejor decisión que pudimos tomar. Me enamoré de ese camping. Era todo paz y tenía unas vistas increíbles que daban al río.

Desde nuestro camping

Allí estuvimos nada más y nada menos que nuestros últimos 4 días, durante los cuales uno de ellos nos fuimos a hacer un tour a Fraser Island. Fue un día muy muy completo. Nos llevaron en un autobús 4×4 conduciendo por la playa, nos bañamos en un lago de agua cristalina e hicieron barbacoa para comer.

Autobús 4×4

 

Lake McKenzie

Visitante durante la comida

No podíamos pedir más. Pasamos nuestros últimos días de vacaciones, entre rutas de senderismo, tours, mañanas de playa y cervezas al atardecer.

El 28 de abril llegó pronto, y condujimos de nuevo hacia Brisbane para coger desde allí nuestros respectivos vuelos, mamá hacia España, y yo rumbo Sídney.

De nuestra espera en el aeropuerto salió esta foto que refleja las pocas ganas que teníamos de separarnos la una de la otra.

Al final, yo me fui a mi terminal y mi madre se quedó en la de vuelos internacionales. Mi vuelo salía antes, así que para cuando yo llegué a Sídney, ella estaba pasando los últimos controles. Todo había salido bien, y el no tener el sello de entrada en el pasaporte parecía no haberle causado ningún problema ya que ahora lo miraban todo electrónicamente.

Nuestro viaje había llegado a su fin y la verdad había sido increíble.

Gracias mami!

8 thoughts on “VIAJE EN CARAVANA POR LA COSTA ESTE DE AUSTRALIA

  1. Pues por aquí bien también,a quedado buena tarde

    Guantanamera, guajira guantanamera
    Guantanamera, guajira guantanamera
    Yo soy un hombre sincero
    De donde crece la palma
    Y antes de morir yo quiero
    Echar mis versos del alma jajajajajajajaj

    Me alegro de que todo haya ido bien. Besos pichu

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