Mi particular 2020

Empecé el 2020 en España, rodeada de mi familia y amigos, y volví a Canadá a mediados de Enero. El plan era trabajar como mínimo hasta Noviembre de 2020 con Growpro y obtener así los puntos que necesitaba para aplicar ese mismo año a la Permanent Residence.

Viaje a Tofino. Febrero 2020

Los planes duraron en el sitio un mes y medio. Durante Febrero se empezaron a oír cosas sobre el Covid-19 en Canadá, sin embargo, era algo que parecía muy lejano y por lo que no había que preocuparse. En Marzo el mundo entró en pánico y vi como se cancelaban las Fallas en Valencia, España. Nadie daba crédito a lo que estaba sucediendo y de repente, el 19 de Marzo me encontré en la calle, despedida. La razón: Covid-19.

En ese momento no era solo el resto del mundo el que estaba en pánico sino yo también. Tenía mínimos ahorros ya que hacía un mes había tenido que gastármelos en pagar por mi siguiente visado. Mi roomie se quedó sin trabajo también. La situación pintaba mal, muy mal. Hicimos cálculos de hasta cuándo podíamos aguantar únicamente con nuestros ahorros, pensamos opciones por si teníamos que dejar nuestra casa por no poder pagar el alquiler, y nos llegamos incluso a plantear la opción de tener que irnos de Canadá y volver a casa.

Estábamos en shock por todo lo que estaba pasando y nos sentíamos bajo mucha presión ya que era mucha la incertidumbre y muchas las decisiones que teníamos que tomar. Todos mis planes para ese año se habían ido al traste, y con ellos mi opción de aplicar a la residencia permanente en el 2020. Mi primer instinto era esforzarme por reconstruir el plan, por poder darle calma a mi cabeza diciéndole que tenía un plan B. Sin embargo, con todos los interrogantes que había a nuestro alrededor no había manera de ser capaz de montar un plan B que fuera sólido y con el que simplemente no me estuviese engañando a mi misma.

Videollamada con mi familia en España durante el confinamiento

Luego vino la parte de tener que lidiar de repente con 24 horas de tiempo libre. Acostumbrada a una vida ajetreada de trabajo, presión, objetivos, vida social etc, de repente me vi sin una rutina, sin poder ver a nadie, y con mi cabeza yendo a 2000 por hora. Me daba miedo caer en la «vagancia» y pasarme los días levantándome tarde y yendo de la cama al sofá y del sofá a la cama.

Por suerte tengo suficiente disciplina y a los pocos días me establecí una nueva rutina yo misma. Me levantaba temprano, me ponía a buscar trabajo, luego hacía algo de ejercicio, cocinaba, llamaba a mi familia y por las tardes hacía un curso online sobre well-being o leía.

Aquí el confinamiento era muy diferente a como lo estaban viviendo en España. No teníamos toque de queda, y sí que podíamos salir a la calle, únicamente te pedían respetar la distancia de seguridad de 2 metros e intentar mantener tu círculo pequeño. La gente salía a dar paseos, unos andando por la acera y otros por la carretera (en zonas residenciales), los amigxs se reunían en los parques y ponían sus sillas o sus toallas a un metro de distancia etc. Así que sobre Abril, Haruy (mi roomie) y yo, empezamos a juntarnos de vez en cuando con Ceci y María, las cuales también compartían casa. Quedábamos en su casa o en la nuestra para cocinar, comprábamos vino y veíamos atardeceres desde el jardín, o tomábamos el sol en la terraza o en los parques.

Vinos en el jardín

Durante este tiempo, empecé también a centrarme mucho en mi salud mental, a escucharme y a analizar qué era lo que me hacía feliz y lo que no. Empecé por primera vez a prestar atención también a mi cuerpo en el sentido de intentar entender mis reacciones, emociones, sus causas, mis hormonas etc etc. PARÉ. Había parado de correr después de 1 año y medio NONSTOP en Canadá. Por fin sentía que tenía el tiempo suficiente para escucharme, para intentar aprender de mi misma, esclarecer cuales eran mis motivaciones, a reorganizar y priorizar mis valores y a entender qué era lo que yo quería cambiar o mejorar de mi misma.

Edificios iluminados con corazones por todo el centro de Vancouver durante la pandemia.

A mediados de Mayo y de cara ya a la entrada del verano, las cosas se empezaron a relajar bastante en Vancouver. Se había conseguido aplanar bastante la curva y no habían muchos nuevos casos de contagio en comparación con otros países o incluso con otras provincias de Canadá. Durante este mes empecé a juntarme con más gente. Volví a ver a Miguel y a Rodri, mis compañeros de trabajo y a los que no había vuelto a ver desde Marzo, y a través de una BBQ a la que me invitaron, empecé a conocer a gente nueva y a estrechar lazos con otros a los que quizá solo conocía de vista.

Primera BBQ a la que fui en casa de Vero y Ana

De repente todos estábamos sin trabajar (habíamos perdido nuestros trabajos debido al Covid-19), pero estábamos recibiendo la ayuda económica mensual que lanzó el Gobierno de Canadá para todos aquellos que se hubiesen visto afectados por la pandemia. Todos a la vez nos encontramos con TIEMPO y DINERO, así que empezamos a hacer planes y a disfrutar de lo mejor que tiene Vancouver, el verano.

El hike de Tunnel Bluffs nos unió a todos. Hicimos equipo, los que aún no habían experimentado la belleza de la naturaleza que rodea Vancouver lo hicieron por primera vez, vimos un atardecer increíble, bajamos la montaña de noche, con los frontales y algunos más que otros, cagados de miedo por los osos y los cougars.

Tunnel Bluffs

Después de esto, a principios de Junio, vino «el camping». Gonzalo había descubierto un super «spot» en Squamish River y de un día para otro, sin planear, como siempre, allá que nos fuimos. Paella, estrellas como nunca las había visto, cervezas con amigos alrededor del fuego y baños helados en el río. Después de aquel par de días volví a casa con una sonrisa que no se me fue en días.

Entre escapada y escapada, encontré trabajo en un college en el que empezaría a trabajar el 15 de Junio, y justo antes de empezar, organizamos otra de las que fue la escapada del verano: la casa en la Sunshine Coast. Comimos increíblemente bien, hubo paella, noche de hand-made pizzas, brunch, asado… Carlos recitaba poemas por la noche, bebíamos, jugamos a las tinieblas, nos reímos hasta no poder más con las improvisaciones de nuestro artista a la guitarra, y veíamos a Vero chillar mientras Gonzalo saltaba desde el piso de arriba al sofá. Todavía hoy se habla de los ronquidos de Rodrigo, que se quedaba dormido a los dos segundos de tumbarse en su colchón en mitad del pasillo, y que no dejaban dormir a los que estaban en el piso de abajo. De los 100 metros de carrera en los que apostó cortarse la coleta si perdía, y la cual efectivamente perdió, de la sesión de entrenamiento improvisada que nos montó Ricca, o de los saltos con la cuerda al lago antes de volver a casa.

Una vez que empecé a trabajar de nuevo, se acabaron las escapadas random cualquier día de la semana, sin embargo, todos los fines de semana organizábamos alguna. Era una paliza salir los viernes por la tarde del trabajo y volver los domingos por la noche después de horas de coche, noches durmiendo poco y mal y de comer y beber por encima de nuestras posibilidades. Pero merecía la pena. Siempre merecía la pena. Durante esos fines de semana me fui a:

Lillooete Lake. Si lo tuviera que describir con una palabra sería: MOSQUITOS.

Kelowna: BARCO

Penticton: LAZY RIVER

Tofino: NOS VAMOS? NOS VAMOS!

Sin embargo, a pesar de haber disfrutado de un verano increíble, algo empezaba a no funcionar bien. El trabajo me estaba matando. No me gustaba la empresa en la que estaba, empecé a odiar ir a trabajar, cuando a mi eso no me había pasado en el resto del tiempo que había estado en Canadá trabajando en la misma industria, sentía que no encajaba en esa compañía, que ese no era mi lugar. Sin embargo, tampoco podía dejarlo, por lo que me sentía atrapada y empezó a afectarme a nivel personal y en mi día a día.

Pasé 2 meses complicados, era infeliz. Yo ese año había conseguido poner mi bienestar como prioridad fundamental y sin embargo estaba perdiendo toda la paz mental que había ganado. Es difícil explicar con palabras cómo me sentía, y me frustraba aún más no saberlo hacer. Digamos que hay gente que es capaz de aguantar en un trabajo que no le gusta o que le hace infeliz, asumirlo y punto. Yo no podía. Desde que llegué a Canadá había logrado dedicarme a algo que me gustaba de verdad, un trabajo por el que no me costaba levantarme por las mañanas, y cambiar eso, por lo que se había convertido en una pesadilla no era capaz de hacerlo.

Finalmente el 15 de Octubre dejé el trabajo y volví a respirar. Me encontré de nuevo en el 2020 sin trabajo, y esta vez por elección propia. Sin embargo, estaba cien por cien segura de la decisión que había tomado.

Mis primeras semanas sin trabajo no fueron tan buenas como aquellas en Marzo. No tenía ganas de hacer nada, hacía mal tiempo, oscurecía pronto, no tenía energía para moverme ni hacer ejercicio… y tenía entre manos el tema de que se me acababa el visado el 7 de Noviembre, lo que implicaba que tenía que tomar una decisión sobre qué hacer y cómo poder seguir quedándome en Canadá lo antes posible.

Finalmente tomé la decisión de inscribirme a un programa en la universidad y poder seguir un año más en el país como estudiante. Me aceptaron en la uni, me llegó mi nuevo visado, hice una escapada a Victoria yo sola para volver a poner mi cabeza en orden, y conseguí un trabajillo que me daba dinero extra mientras encontraba una solución mejor.

Poco a poco fui volviendo a ser yo de nuevo, mis amigxs me lo decían, se te ve contenta, vuelves a ser Irene. Empecé a sentirme cada vez más feliz, con más energía y fuerza. Me llegó la aprobación de mi visado de estudiante, tomé la decisión de no ir a España en Navidades y logré entender por qué lo hacía y dejar así de sentirme culpable, conseguí trabajo en una cervecería y me aceptaron para empezar a trabajar en Enero de 2021 en Next Goal, trabajo en el que sé de primera mano que voy a estar bien. Volví a ver a Miguel que vino desde Toronto por sorpresa!. He pasado unas Navidades felices y especiales a pesar de toda esta situación en la que nos encontramos. Mi familia está sana, y todos hemos llegado al 2021. Mis amigas en casa están sanas y las veo felices. Tengo un núcleo de amigas en Vancouver muy muy bonito y especial. He ampliado mi círculo y la verdad es que solo puedo decir que estoy rodeada de gente buena. Y lo más importante, tengo mucha ilusión puesta en este 2021, presiento que va a ser un gran año para mi. Estoy feliz y con fuerzas.

Comentarios

  1. Manoli Camacho Tarazaga

    La felicidad se construye con muchas cosas que pueden parecer contradictorias: adaptación e inconformismo , pragmatismo e idealismo. Pero sobre todo lucha y constancia. Eres muy valiente y para la gente como tú no se pide suerte sino justicia

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